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Rogelio Peláez Justiniano: Dios y el hombre

Por Rogelio "Rojo Peláez (Author)

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Negar a Dios, no significa desmentir su existencia. Precisamente eso es lo que hace el ateísmo. Culturalmente, religioso no es antónimo de irreligioso, porque “religiosamente se puede creer o no creer; y hacer o no hacer algo en la vida”. No hacer, también es un hacer del ser.

En este contexto, no es cuestión que el hombre, en lo confesional, sea religioso y/o irreligioso. Creer y no creer “religiosamente”, es una visión de la realidad individual respecto de un Ser Supremo Infinito y Eterno. En la primera situación, es acción sincera, honesta y falible que el hombre asume para cambiar su estilo de vida. Y en el segundo caso, libertad irrestricta.

Dialécticamente, el “no creer, también es una creencia” y, este razonamiento, es la causa para que alguien haya afirmado: “gracias a Dios soy ateo”. Si no es así, el bien y el mal, ni siquiera espontáneamente, existirían en este mundo terrenal sumido en la confusión.

Creencia es la misma incredulidad que, durante 40 años de existencia humana, un sujeto pensante mortal y no inmortalizado por la idolatría, no se convencía que, de “religiosamente fumar diariamente una cajetilla y, durante un año, hasta tres cajetillas, en agosto próximo, cumplirá religiosamente 12 años sin fumar”. Luego de varios intentos fallidos, fue posible y real entender que, creer en Dios, no es una cuestión de religión. Significa querer y poder cambiar de estilo vida.

Se analizan y fundamentan las visiones creacionista y/o evolucionista, porque son antagónicas. En cada una de ellas, no concurren sofismas y eufemismos, aunque no faltan voceros, en medio del mercado terrenal planetario, en cuyas tiendas, se subastan cuerpos, mentes, almas, espíritus, “dioses y diosecillos” de barro.

Dialécticamente se encuentra la primera contradicción. Enfatizar en la materia (materialismo) y desechar la idea (idealismo), significa negar y no desmentir la realidad cognitiva del ser humano. Aquella, ésta y la misma, que lo diferencia de lo inanimado aún fetichizado.

La creación divina de la raza humana es soslayada por el ego-racionalismo. Corriente de pensamiento que exalta al hombre en sí mismo, después de la presunta espontaneidad natural mutada materialmente “hasta su fosilización durante miles de millones de años”.

Sucesivas generaciones en el devenir del tiempo que, es del Creador y no del creado, buscaron y encontraron a DIOS, AQUEL Y ÚNICO que, interna y externamente, es el principio y fin de lo que existe por su palabra y acción. Precisamente para crear al hombre, lo más excelso de toda su obra, necesitó de sus manos y aliento. También es incontrastable que por amor eterno e inmutable, su Hijo, derramó su sangre y murió en la Cruz.

El evolucionismo “involuciona” cuando hace lo que critica o cuestiona. Los que elucubran que la “religión es el opio de la humanidad”, muestra a pensadores que “fanáticamente” niegan las mismas ideas con las que estructuran sus lógicas de razonamiento.

Charles Darwin, en el siglo XIX (19) década de los años 1860, fue el inglés precursor de la Teoría de Evolución que amplificó “que el hombre, por generación espontánea, proviene del mono”. Éstos presuntos descendientes, antes, en 1789 del siglo XVIII (18), ya habían protagonizado la Revolución Francesa. El ateísmo fue el ideal político discernido en el lóbulo frontal del hombre que plasmó tal hecho político con repercusión mundial.

13 años antes de esa acción política, social, económica e ideológica, como fue la revolución francesa, en 4 de julio de 1776 se fundó Estados Unidos de Norteamérica-EEUU- En lo que ahora es Europa, los denominados “puritanos” por creer en Dios y estudiar su palabra, fueron víctimas de persecución, tortura y muerte. Los que sobrevivieron, migraron y llegaron a esa tierra.

La autosuficiencia para pensar y actuar, también es otra manera de dependencia. Incontrastablemente, depender de Dios significa comprender y discernir que este ser divino está dentro y fuera de cada ser humano, porque todo tiempo, ley, autoridad y ciencia proviene de ÉL. Alejarse del Creador, ignorarlo y/o negarlo, se insiste, no desmiente su existencia. Toda desobediencia “obedece” al ejercicio irrestricto del libre albedrío, otro atributo y/o don otorgado por Dios.

Finalmente, vivir y/o morir eternamente es una determinación humana que, con cosmovisiones individuales críticas o conformistas y cómodas, forjan la realidad colectiva de la raza humana. Y sus miembros, después de conocer, creer y confiar a y en Jesucristo, individual y no por mayoría de votos, asumen un estilo de vida distinto que no los convierte en “inmaculados para ser canonizados”.

* Rogelio Peláez Justiniano es periodista y editor de otroojo

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