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Ramón Rocha Monroy: Quién fue José Manuel Pando

Por Ramón Rocha Monroy (Author)

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Pando fue, después de Ballivián, un Presidente geógrafo que exploró el norte amazónico (hoy el departamento lleva su nombre) y dejó sus impresiones en un libro muy citado por María del Pilar Gamarra Téllez (“Amazonía norte de Bolivia. Economía gomera (1879-1940, Biblioteca Boliviana del Bicentenario, BBB. 2018. Primera edición, 2007).

En esas páginas se retrata la inserción del distrito productor del caucho a la economía mundial en condiciones que ocasionaron migración de fuerza de trabajo mestizo e indígena, desintegración del mundo indígena amazónico y beneficio fiscal; es decir, una economía de enclave dirigida desde fuera del país, sin escrúpulos por el destino de la región, que duró un breve tiempo tras el cual la región amazónica se sumió en la siesta tropical.

El norte amazónico (hoy Departamento de Pando más la provincia Vaca Díez del Departamento del Beni) estaba poblado por culturas nómadas, cuyos territorios fueron usurpados por los nuevos dueños de estradas gomeras, que llegaban al lugar desde el norte de La Paz, el Alto Beni (o río Ena Veni) o desde Santa Cruz. Este despojo sistemático de territorios se hacía en nombre de la colonización, la civilización y la evangelización dirigida contra los pueblos “bárbaros y antropófagos”, exactamente como en la Colonia.

¿Qué opinaba Pando sobre este tema? “Desde que se ha conocido la adaptación de la raza blanca al suelo americano, está planteado el problema por el cual la naturaleza, obligando al hombre a la selección, condena a las razas inferiores a desaparecer del campo que fecunda el trabajo…la naturaleza y la civilización condenan fatalmente a la extinción a los seres que están próximos a las bestias cuando con la ferocidad de bestias pretenden oponerse al progreso humano”.

Pando se refería a grupos étnicos que codifica María del Pilar Gamarra: guarayos, caripunas, ipurinas, iñaparis y canamaris. En 1878, el Estado concedió una legua cuadrada a los exploradores que “lograsen adquirir terrenos ocupados por los “bárbaros”. Pando aconsejaba: “No es empresa fácil atacarlos en sus caseríos y perseguirlos en los bosques. Sólo con el auxilio de buenos perros, la pericia de hombres habituados al monte y la conveniente disposición de las marchas, se puede sorprenderlos y dominarlos”.

A esos grupos étnicos habría que añadir a los araonas, los pacahuaras, los toromonas e ituatinangas, también señalados por Gamarra. Un editorial de la época condena a los araonas por haber victimado al joven industrial Napoleón Estívarez y en cambio Pando elogió a Nicolás Salvatierra y al señor Mouton: “El señor Mouton, cuya intrepidez se ha puesto otras veces a prueba…logró alcanzar y sorprender a los salvajes (Guarayos), cuya tribu exterminó casi totalmente, pues fueron solo dos niños que consiguieron huir”.

Pando agrega: “Mejor es defender los territorios aprovechados por la industria edificando fortines, organizando guarniciones militares y haciendo frecuentes batidas; la peste y el agotamiento de la caza van a dar fin, antes de mucho tiempo, con los salvajes que no se presten a la reducción dejando libre el campo para el desarrollo de las industrias que con ventaja pueden establecerse en aquellos lugares”.

Veamos un editorial de La Gaceta del Norte, digno de la Colonia: “El salvaje es una fiera que se enoja y acomete sin distinción y a la fiera hay que darle caza…todos los años suceden ataques, obligando a los industriales a perseguirlos y abatirlos heroicamente”. (1889).
Una última cita de Pando: “Para librar de todo peligro a la región comprendida entre el Acre y el Bajo Beni, no hay otro medio que librarla de salvajes, alejando a éstos a la margen de dichos ríos.”

El propio Pando calcula a los “salvajes” en 20.000 personas, aunque serían más de 51.000, de los cuales habrían entrado en contacto con los “industriales” como 18.000. De este modo el industrial camba o colla (enchalecado) se opuso al bárbaro y antropófago que era dueño originario de esos territorios.
Ahora podemos ver, al leer el libro Zárate, el temible Villca, de Ramiro Condarco, cómo Pando lo hizo su compadre.

Pando estaba casado con una mujer aymara muy rica; fue jefe de la casa militar del Presidente Alonso y se ofreció a conjurar el levantamiento de La Paz; pero llegado allá encabezó la rebelión.

Entretanto, el movimiento aymara presidido por Zárate había crecido tanto que el propio Pando se asustó y escribió a Alonso para pedirle un pacto porque si no los aymaras los iban a “comer” a ambos. Sin el apoyo de Zárate, Pando jamás hubiera ganado la llamada “revolución federal”. Pero Zárate luchaba por reivindicaciones aymaras, como la devolución de tierras comunitarias, y no sólo fue asesinado, sino que los prohombres del Partido Liberal se convirtieron en terratenientes mediante el despojo de tierras a las comunidades aymaras.

* Ramón Rocha Monroy es periodista y escritor

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