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Franco Gamboa Rocabado: El liderazgo ambiguo de Carlos Mesa

Por Franco Gamboa Rocabado (Author)

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La re-elección de Evo Morales enciende muchas discusiones. ¿Realmente se está enfocando claramente el problema? Los resultados del Referéndum de 2016 fueron contundentes: la población decidió no modificar la Constitución. Por lo tanto, no sería posible la cuarta postulación de Evo Morales en las elecciones del año 2020. Sin embargo, una pregunta tan simple que polariza la consulta entre “está” o “no está de acuerdo” (la opción del No logró 51%, frente a un Sí de 48,7%), expresa que el apoyo electoral a favor de Evo no desaparecerá de inmediato.

Las elecciones presidenciales, sin embargo, no son tan cerradas. Con una serie de candidatos, el voto se fragmenta y dispersa la voluntad de los ciudadanos. Además, según las encuestas de intención de voto, Evo Morales sigue encabezando las lealtades electorales porque los demás líderes tienen una seria debilidad: carecen de unidad y de programa político con opciones ideológicas y ofertas concretas para revertir la fuerza que aún posee Evo. Los medios de comunicación, casi unánimemente, consideran al Presidente como la figura central del sistema político. No hay una encuesta de opinión que prescinda de Evo Morales. Esto derrumba, indirectamente, la victoria del No. Parece increíble pero estamos ante la hiper-normalización de la política.

El concepto de hiper-normalización pertenece a Alexei Yurchak y se refleja dramáticamente en su libro “Everything was Forever, Until it was No More: The Last Soviet Generation” (2015). En los últimos años de la sociedad soviética, la gente no quería reconocer la implosión del sistema y odiaba pensar que podía caer en cualquier momento. El comunismo se esfumó y las ilusiones por una sociedad superior al capitalismo, sencillamente resultaron ser una pantomima peligrosa que hipnotizó a millones para luego desaparecer como una mentira en la que nadie creía. Este es el reino de la política: la falsedad “normalizada” que se acrecienta cuando no es posible ofrecer otra alternativa. Asimismo, la hiper-normalización es una forma en la que los líderes políticos no tienen el control de varias situaciones, aún a pesar de creer que sería posible doblegar a la realidad con sus discursos e ideologías. El Partido Comunista de la Unión Soviética pesaba hasta el último momento que retomaría el control del país pero no era así. Perdieron el poder y se consideraba normal seguir hablando del comunismo, aun cuando éste no significaba absolutamente nada.

Lo contradictorio o inaceptable desde el punto de vista racional y ético, es aceptado sin reticencias debido a la hiper-normalización que la gente asume, al no percibir otras formas más valiosas para cambiar. El discurso súper inflado, la narración de la realidad como una épica, el hablar de forma exuberante para distorsionar el contexto real o construir un mundo inverosímil, también caracteriza a los periodistas y a los vendedores de humo. En Bolivia, la prensa está inserta en un mundo hiper-normalizado y es aquí donde se hace un gran negocio y donde Carlos Mesa representa una figura notoria, tanto de los liderazgos mediáticos, como de la cultura autoritaria que prefiere una imagen virtual dentro de los medios de comunicación, aparentemente impoluta y, al mismo tiempo, egoísta. Aquí la hiper-normalización se levanta como escenario de descontrol y es por esto que muchos optan solamente por hablar y desfigurar la realidad, antes que intentar cambiarla o dirigirla.

En medio de una serie de incertidumbres sobre cuáles serían los liderazgos alternativos en el debate sobre la re-elección, Carlos D. Mesa no es una alternativa frente a Evo Morales, aunque critique con vehemencia su pretensión de mantenerse en el poder. Mesa encarna una personalidad ambigua. Es portavoz de Evo en el tema marítimo desde el año 2013, tiene un salario y le debe subordinación dentro de una jerarquía reconocida en la Constitución. El Presidente es la cabeza del Estado y del Poder Ejecutivo, mientras que Mesa es un funcionario de menor rango que está supeditado a las directrices de las autoridades políticas que definen por dónde ir en las decisiones estatales. Sin embargo, se da el lujo de cuestionar la re-elección con energía, mostrándose como abanderado de la democracia. Esta ambigüedad tiene una sola dirección: confundir a la sociedad porque, supuestamente, Mesa estaría por encima de las contradicciones.

¿Dónde salta la hiper-normalización? Aparece en el momento en que Mesa todavía simboliza la defensa ideológica y mediática más fiel del neoliberalismo entre 1989 y 2005, año de su caída como presidente accidental. Con esto su ambigüedad crece mucho más. Fue gonista convencido y sembró un camino exitoso como influyente periodista. Mesa es un líder pusilánime, sin partido político, sin convicciones éticas y con lealtades a medias, pues abandonó a Sánchez de Lozada en los momentos más difíciles, postergando incluso la convocatoria a las elecciones presidenciales después de la crisis de octubre de 2003. El 17 de octubre dijo ante el Congreso que organizaría las elecciones en tres meses pero pudo más su egolatría para tratar de permanecer en el poder hasta el año 2005. Fue el único presidente de América Latina que también se dio el lujo de renunciar tres veces y hoy trata de sacar la cabeza como opción al MAS pero no es así.

Evo no desaparecerá de la escena, sencillamente porque la oposición no tiene otra alternativa de liderazgo con articulación nacional. Mesa repudia la probabilidad de tener un desenlace hiper-normalizado: la cuarta elección de Evo. Pero tampoco está en entredicho la continuidad de una economía de mercado, bastante estable en comparación con el pasado 1985-2005. La violación a los derechos humanos, el clientelismo, corrupción e incumplimiento de deberes que acosa al gobierno actual, también fue una marca hiper-normalizada de otros regímenes. Mesa critica, se aleja y se acerca como su última alabanza a Evo por su discurso frente a las Naciones Unidas el 5 de junio de 2017. Debe decidirse porque podría ser un excelente candidato hiper-normalizado a la vicepresidencia junto a Evo. La sociedad escogerá: seguir la hiper-normalización o cambiar de rumbo.

Las indecisiones críticas de Mesa solamente hacen daño sin aportar soluciones. En el fondo, Carlos Mesa sabe muy bien que si se lanza como candidato a la presidencia y eventualmente gana, tendría que enfrentar serios conflictos en la lucha por reconstruir la sociedad y lo que queda del Estado. Por esto, prefiere que otro experimente la derrota y el trago amargo de la ingobernabilidad. Después de esto, él se presentaría como salvador para retomar el orden. Obviamente, siempre y cuando un gobierno de transición después de Evo Morales sufra la parte más difícil. Esta ambición, también ambigua, lo coloca como un líder mediático que puede hacer más con la palabra, la ficción y la televisión, antes de esforzarse por ofrecer un liderazgo político con la capacidad para cambiar la realidad.

Finalmente, la última hazaña hiper-normalizada fue no presentarse en la Corte de Florida para declarar en contra del expresidente Goni Sánchez de Lozada por los delitos de lesa humanidad cometidos en octubre de 2003. Su testimonio era fundamental. Carlos Mesa y el debate sobre la re-elección, constituyen más una nube de polvo, antes que argumentos y actitudes éticas para beneficiar a la democracia. Mesa es totalmente anti-ético, hábil falseador de la realidad y sería un grave error suponer que él pudiera convertirse en una alternativa para desbaratar al MAS. En todo caso, sus columnas y apariciones mediáticas continúan siendo el ejemplo vivo de la exuberancia discursiva. Es la hiper-normalización que, por último, debemos derrotar para descubrir la verdad, sacudir el polvo de nuestros zapatos y reinventar una democracia ética, dialogada, reflexiva y racional, para lo cual Carlos Mesa solamente es una vacía cámara de resonancia.

* Franco Gamboa Rocabado es analista político y Doctor en Gestión Pública

 

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