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Franco Gamboa Rocabado: ¿Adónde fue el Chapare?: una derrota como la de Vietnam

Por Franco Gamboa Rocabado (Author)

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Hay extrañas similitudes: el Chapare es un hermoso paraje de bosques tropicales y el asiento de las plantaciones de coca, que estuvieron en el centro de los conflictos con la política antidrogas de los Estados Unidos entre 1987 y 2008. Este periodo es crucial para entender los rumbos por donde transitaron la economía de la coca y la fallida guerra contra las drogas. Vietnam es un país ubicado en Asia Sudoriental, con 95 millones de habitantes y bosques tropicales de ensueño; hoy en día es la viva expresión de una victoria militar que dejó humillado a Estados Unidos, luego de una cruenta guerra que tuvo lugar entre 1964 y 1975.

En ambos casos, los Estados Unidos llevaron a cabo una estrategia militar con un fuerte sentido de dominación que, en los hechos, resultó ser una grave equivocación. La guerra de Vietnam se desarrolló bajo la premisa de evitar que el comunismo genere un efecto dominó, poniendo en riesgo la estabilidad política de Indochina y amenazando la seguridad nacional de Estados Unidos. Un país de apenas 331.230 Km². no representaba ninguna amenaza, ni militar ni estratégica; sin embargo, Vietnam fue utilizado como un escenario de tensiones geopolíticas durante la Guerra Fría. Se presume que fueron detonadas seis millones de toneladas de bombas en toda Indochina.

Las consecuencias destructivas fueron devastadoras hasta la actualidad. Robert McNamara, Secretario de Defensa estadounidense de 1961 a 1968, reconoció, en el año 2003, que considerar a Vietnam como un dominó peligroso fue, sencillamente, un error que costó la vida a más de un millón de vietnamitas. Habiéndose equivocado, los Estados Unidos insistieron en una estrategia de hostigamiento y militarización, impulsando la Guerra Contra las Drogas en los años ochenta, supuestamente como una política de contención para destruir la producción de cocaína, entendida como una amenaza para la salud de Norteamérica y el mundo. Esta concepción también estuvo equivocada, por el simple hecho de criminalizar a los productores de coca, desvalorizando las demandas campesinas en Bolivia, Perú y Colombia, como si fueran conflictos de seguridad militar y sobreponiendo la hegemonía bélica por encima de la concertación económica y pacífica.

El Chapare ahora es un escenario diferente. En el siglo XXI, los cocaleros ya no viven en una economía de subsistencia, ni son presa de los enfoques de confrontación en las discusiones sobre el desarrollo económico. Las tareas de interdicción han sido reemplazadas por iniciativas de emprendimiento. Si se analizan con cabeza fría las cadenas de diversificación, la economía cocalera no está vinculada únicamente al control del tráfico de drogas, sino que también se pueden evidenciar las inversiones en turismo con hoteles, restaurantes, intenso comercio de automóviles, electrodomésticos, e inclusive proyectos hidroeléctricos. Villa Tunari, por ejemplo, posee buena infraestructura urbana, escuelas, centros de salud y cuando se visita la zona, los viejos miedos de la represión para erradicar la coca, prácticamente han desaparecido.

El Chapare pasó de ser una zona demonizada y de supervivencia, a un espacio donde todos se consideran un “polo de desarrollo”. Si bien toda su historia está inevitablemente ligada al circuito coca-cocaína, es precisamente por este motivo que la orientación estadounidense unida al desarrollo alternativo como una economía campesina, hoy ha sido desplazada por una posición donde los cocaleros se ven a sí mismos como microempresarios. No es casual que el Viceministro de Defensa Social y Sustancias Controladas, Felipe Cáceres, fuera visto con azoro y catalogado como un acaudalado.

Desde el fracaso de la guerra contra las drogas y la derrota de los Estados Unidos como factor hegemónico, la trayectoria de Cáceres puede ser evaluada como el auge de un emprendedor ligado al turismo, la producción de frutas, riqueza piscícola y otras oportunidades económicas. Hoy, ningún cocalero quiere ser un simple campesino, sino un emprendedor con la posibilidad de ganarse respeto económico. Cáceres es una especie de prototipo y artífice del emprendimiento más allá de la economía de la coca. Esto replantea muchos dilemas y la necesidad de tener otros paradigmas para enfrentar el narcotráfico, entre ellos, la legalización de las drogas.

La actual estrategia de lucha contra el narcotráfico fue nacionalizada y construida sobre el fracaso de los Estados Unidos como potencia hostil hacia otras formas de desarrollo. Fueron derrotados en el Chapare, de una manera similar a lo sucedido en Vietnam. Se invirtieron millones en interdicción. De alguna forma hubo otro resultado. El Chapare no es una región pobre; de hecho no existe mendicidad. La política antidrogas ahora dio un giro, haciendo que los cocaleros se autoperciban como emprendedores y, al mismo tiempo, como ejes de poder, desde la presidencia hasta el centro del sistema democrático. Ningún gobierno podrá revertir esta situación. Al igual que en Vietnam, no se puede retroceder, ni tampoco detener las consecuencias de largo plazo que hoy en día genera el Chapare.

* Franco Gamboa Rocabado es Doctor en Gestión Pública y analista político

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