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La festividad de Urkupiña, empezará sin “fiesta”

Por Admin Peršon (Author)

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Johnny Fernández Rojas/Periodista y gestor cultural *

La actual contingencia sanitaria mundial, obviamente, repercutió en la postergación hasta el próximo año, de varias expresiones previstas para la festividad de Urkupiña, cuya manifestación suele congregar a miles y miles de devotos cada medio mes de agosto en el municipio de Quillacollo.

Esa resolución obligó a sus impulsores, a promover una contundente reorientación de su ocurrencia que, con seguridad, se caracterizará en esta ocasión, por un reencuentro con la fe y un profundo recogimiento espiritual.

La probable y novísima práctica en la que se enfila la Festividad, hace presumir que los actos litúrgicos en ese municipio, serán el marco celebratorio del fenómeno urkupiñista, y que eventualmente prescindirá de sus otros “componentes” colaterales: el folklórico y el cuestionado comercio.

Dentro la habitual programación anual de la Festividad, la celebración del Corpus Christi, se asociaba para la realización de la primera “promesa” o convite; considerada ésta como el inicio de la Festividad, y que al mismo tiempo, se constituía en una muestra preparatoria, principalmente en el ámbito folklórico, en el que los bailarines organizados en fraternidades, recorrían las vías programadas para ese propósito. Periplo por el que tiempo después, se procuraba una segunda versión, ambos se constituían en “borradores”, que al final, auspiciaban a la fulgurante “entrada” folklórica del 14 de agosto.

Estas “promesas” o convites y otros anexos, facilitaban a los responsables de su organización, una mayor articulación de propuestas, para las respectivas correcciones y la adopción de mayores tareas de coordinación interinstitucional. Todas ellas, por supuesto, también fueron pospuestas.

CEREMONIAS VIRTUALES

Anuncios del clero local, relievaron que las principales ceremonias litúrgicas de la Festividad del presente año -por lo menos hasta el momento-, serán transmitidas por los medios masivos y apoyados en la tecnología virtual, probablemente, también, con alguna presencia física de los fieles a la Virgen de Urkupiña, en las que predominarán las sendas recomendaciones de prevención sanitaria, es decir, que la “Fiesta del 15”, que así se los conocía, hasta hace más de tres cuartos de siglo, asumirá nuevamente, su esencia original: íntegramente religiosa, manifestación que caracterizaba, por lo menos, por más de dos centurias.

Esta inédita experiencia que se la encauza con cautela, favorecerá el repunte de la fe, el fortalecimiento reverencial de su feligresía y la real comprensión de su impacto contemporáneo, considerado como fenómeno social. Escenarios imperdibles -que sin pretenderlo, patrocina la actual coyuntura-, deberían ser aprovechadas por los representantes eclesiales, para encarar con mayor certeza y propiedad la Festividad, capitalizando y proyectando el sentido espiritual  que reasumirá su realización, condición disminuida notoriamente, en las tres últimos tiempos.

La Festividad de Urkupiña, por su diversificación mundial, se constituyó en una especie de “transnacional”, prerrogativa ejercida en inidentificables ciudades del mundo, y en los que se infiere que, el próximo 15 de agosto, no será alterada, o por lo menos, se la apuntará con ligeras modificaciones, porque también se presume que la contingencia sanitaria, en esos lugares ya habrían ameritado los controles respectivos. Es decir, que la Festividad de Urkupiña, se la organizará como se lo hace desde años, con la majestuosidad y el lucimiento tradicional. Mientras en Bolivia, y principalmente, en su epicentro: Quillacollo, se resignará a la reducción a lo estrictamente religioso.

“REINGENIERÍA”  DE URKUPIÑA

Desde hace un par de décadas, varios y con variados criterios, afloraron cuestionamientos acerca de la propia realización de la Festividad. Esta contingencia también debe servir para atender con contundencia, las observaciones hechas, analizar las propuestas y definir las acciones, entre ellas: preeminencia de lo religioso, impostergable reestructuración de la Comisión Interinstitucional, ensamble con las otras manifestaciones festivas en el mundo, cambio definitivo de la ruta de la “entrada”, de la “Procesión” de las “advocaciones”, regulación del comercio, etc. etc., es decir, la adopción de una real y audaz reingeniería para la Festividad.

Y de manera paralela, la Festividad de la “cuarentena”, tendría que también contribuir a intensificar y fortalecer el movimiento de la ansiada nominación por la UNESCO: “Festividad de la Virgen de Urkupiña, Patrimonio Intangible de Fe, de Cultura y de Integración de la Humanidad”.

  • Con este artículo, el periodista e historiador Jhonny Fernández Rojas se suma al staff de colaboradores de Red País Bolivia.

 

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