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Reflexiones en tiempos de Covid-19

Por Admin Peršon (Author)

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Raquel Rocha Escobar*

Llevo atendiendo a mis pacientes online. Todos hemos tenido que adaptarnos a las circunstancias de la pandemia. Esta reflexión la hago con ánimo de concientizar a la gente y que deje de vivir mirándose el ombligo y vean la pesadilla que para muchos está siendo este momento.

Tengo casos que de verdad son para mí una prueba de la vida, donde tengo que hacer un trabajo muy fuerte conmigo misma para que no me afecte.

Todo esto lo hago con el mayor respeto a mis pacientes, a toda la gente que está sufriendo en este momento, que me ha sido enviada, para seguir haciéndome ver que como seres humanos tenemos mucho que aprender.

Tuve una pareja de niños hermosos, a los cuales tuve que prepararlos para decirles que su madre al final se fue, murió, qué dolor tan grande para unos niños, qué difícil de entender.

He atendido a infinidad de parejas destrozadas porque han tenido que aprender a convivir; otras por temas económicos, por temas de violencia, desesperadas por aguantar a sus esposos narcisistas, machistas y en algún caso psicópatas, que están teniendo que soportar porque el trabajo que ellos hicieron en años con esas mujeres es atroz, de descalificaciones, humillaciones, manipulaciones, agresiones verbales, físicas, tanto que estas mujeres no pueden más con su alma, su autoestima y personalidad totalmente erosionadas. ¿Qué puede hacer una mujer así, adónde va en estos momentos? Es un camino largo de empoderamiento y ayuda con la que no cuenta ni de sus familias, los cuales son machistas, y piensan que como esposa “es su deber soportar” o “algo has debido hacer para que te pegue”.

ANSIEDAD Y DEPRESIÓN

Tengo casos en Bolivia, y fuera de las fronteras también, con mucha ansiedad y depresión, porque no saben cómo van a encarar lo que sucede ahora, mucho menos pensar en lo que viene: casa, negocios, colegios, hijos, separaciones, etc. Tengo dos casos de agorafobia, por la excesiva ansiedad generalizada, donde no se animan ni a salir de sus casas porque temen contagiarse, o porque su mundo termine de caer.

Y el último caso, el que me animó a escribir esta reflexión: una mujer viuda de un médico que ha fallecido contagiado por covid-19, médico brillante pero sobre todo un gran ser humano, que ha estado ayudando a mucha gente pobre, infectada por el virus, hasta que él cayó.

Saber todos los detalles me ha conmovido muchísimo: no había espacio en ningún hospital privado, mucho menos público, tuvo él que armar su propia terapia intermedia en el salón de su casa, llevar a sus hijos con los familiares y la mujer atenderlo, él siguiendo todo el protocolo en su terapia con sus pacientes. Hizo de todo, que si antibióticos, que si plasma, que la mujer tuvo que rogar para que le vendiesen, porque hay gente o que se hace la burla y llama sin tener plasma o porque se está comercializando con esto, pidiendo de 3.000 a 5.000 bolivianos. Por último el tratamiento de óxígeno.

Nada pudo con el virus, en una semana empeoró, seguramente por la carga viral y fueron con la mujer clínica por clínica. En una privada muy conocida le pedían Bs 50.000 para reservar el espacio; si no lo pagaba hasta la tarde perdía el lugar. Al final le aceptaron en una clínica no muy conocida, un médico “amigo”, colega, intensivista.

Llega el paciente con sólo 15% de funcionamiento de su pulmón en una semana de peregrinaje, encima la esposa con todo el miedo, ansiedad, tiene que escuchar una conversación del médico intensivista y el neumólogo, donde le dice uno a otro, “él se las ha buscado y descuidado, ni modo pues, nada podemos hacer”, entre risas. Luego le informan que en unos minutos lo entrarán a terapia intensiva pero que no se preocupe, que le avisaran para que ella entre y se despida.

Pasan los minutos y nada, pregunta y ya lo habían metido; se lo muestran por videollamada, que lo van a entubar y lo último que ve es a su marido sonriendo y haciéndole con el dedo todo ok.Pasan los días y le dicen que está respondiendo bien, cuando al cuarto día la llaman que su esposo se puso mal que vaya con un familiar más al hospital. Salen los dos médicos para decirle que no aguantó, que se murió, como quién dice, está todo bien, y le dicen ahora le extendemos el certificado de defunción.

UNA CUANTIOSA CUENTA

Horas después le pasan la cuenta del hospital, Bs 65.000 y le dicen que si no paga no puede sacar el cuerpo. El médico intensivista le dice que sus honorarios son aparte y “solamente son Bs 17.000”. La pobre mujer llora y le explica que no va a poder cubrir eso, a lo que responde el médico que “bueno, considerando que es amigo y colega….¿Esta bien Bs 15.000?.”

Ahora mi paciente está sola con tres niños, endeudada hasta el cuello, más una hipoteca que pagar, en cuarentena por haber atendido a su marido, sin poder ver a sus niños y preparándose para darles la noticia de que su padre ha fallecido.

Qué impotencia, qué dolor, y ojo, no hablo de todos los médicos, sé que hay muchos como el mismo que falleció que han entregado su vida por atender a sus pacientes, enfermeras, etc.

Hablo de los médicos y clínicas privadas que aprovechan el dolor ajeno para lucrar sin ningún remordimiento; ya ni les digo empatía, totalmente anempáticos.

¿Acaso esto nadie lo ve? ¿Dónde están las autoridades? Tiene que haber una manera de control de todo esto.

Viendo el panorama, qué quieren que les diga…… ¿Que esta pandemia está sacando lo mejor de cada uno? ¿Que si nos contagiamos y la carga viral es fuerte y deben internarnos? ¿Qué hacemos, dónde vamos? ¿Comiencen a ahorrar?... Si muchos no tienen trabajos para el sustento del día, sobre todo los que tenían negocios propios, o tienen para vivir con lo justo?

Es muy desalentador todo esto. Afortunadamente tengo un equipo maravilloso de [email protected] y profesionales a mi lado, que estamos dando todo el apoyo necesario a la gente que lo necesita, los mismos que me permiten canalizar tanto dolor y sufrimiento.

No quiero terminar esto sin ver lo bueno, a lo que sería mejor que aspiremos, un momento de cambios profundos en todo sentido. Es un momento de duelo general, de perder el rumbo, no queda otra que aceptar y cada uno entrar a lo más profundo de su ser, trabajar con todas sus fuerzas en uno mismo, los miedos, el dolor, la rabia, la impotencia. Quizá así logremos ver a las personas con amor y gratitud y no volcar en la gente todos estos agregados psicológicos. Dejar de ser miopes, limpiar nuestra almita un poco, para arrimar el hombro y construir una nueva vida, ojalá más amorosa y más empática.

*Es psicóloga cochabambina.

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