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Reflexiones de la festividad de Urkupiña en tiempos de pandemia

Por Admin Peršon (Author)

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Una vez más, y por la actual crisis sanitaria que se atraviesa, las autoridades religiosas y administrativas del municipio de Quillacollo, constriñeron a la virtualidad las manifestaciones religiosas y folklórica de la Festividad de Urkupiña.

Se dice “Una vez más”, porque el anterior año, y con mayor rigurosidad, se decidió su realización a lo estrictamente devocional, y que se la cumplió casi religiosamente.

La historia, rememora que las características festivas observadas en plena pandemia de la “primera ola”, se asemejaron a las condiciones que la dieron origen a la “fiesta a la mamita Asunta” o la “fiesta del 15”, hace casi dos centurias.

En agosto del 2020, la feligresía local y regional, sin bien, no pudo participar directamente de los diversos actos litúrgicos, siguió a su manera su recogimiento espiritual, sin embargo, ese carácter es el que siempre debía primar en las celebraciones ukupiñísticas.

LOS ROLES PREFERENCIALES

Hasta 2019, la rutilante expresión folklórica, el carácter desafiante de los comerciantes, la arbitrariedad de las tarifas de transporte, el cobro excesivo de los servicios gastronómicos y de los centros de hospedaje, la excesiva libación de alcohol, etc., contaban con roles preferenciales, cuyas expresiones tendían a desvirtuar su esencia misma, hasta asumir caracteres hegemónicos y que obtuvo su paso, por la gracia cesión de lo religioso.

Aunque en el presente, las limitaciones no serán contundentes, porque se alivianaron sustancialmente los regímenes sanitarios impuestos, aunque se insiste, como es norma general, en las básicas medidas de bioseguridad.

Desde hace un par de semanas, se advierte principalmente en los oficios religiosos en el Templo San Ildefonso de Quillacollo, una considerable afluencia devocional, sin embargo, la presencia del comercio disimulada y desenfrenadamente incursiona, seguramente, hará su irrupción en los días previos, como se dijo anteriormente, desafiante.

Por lo menos, en las últimas 5 décadas, el componente folklórico a través de sus danzarines, las mismas bandas de músicos, que cada vez más presentaban innovaciones en la coreografía, las originales propuestas de los artesanos en las vestimentas, los autores e intérpretes de música sellaban discos y los difundían a través de todos los medios, hasta imponer inclusive, tendencias.

FERIADO DEPARTAMENTAL

Por otra parte, la presión ejercida a las autoridades políticas y administrativas, por la organización que agrupa a los danzarines y otros que se adhirieron a la misma, lograron que la Ley 946 de la Asamblea Legislativa Departamental, declare feriado departamental, al día 14, con el propósito de facilitar la asistencia de la población para observar la “entrada”, aunque si se hubiese obrado con justicia, esa disposición debería merecer el 15 de agosto, Día de la Fiesta y del acto medular del acontecimiento religioso, y no la víspera.

Paralela a esa vorágine “cultural”, la población organizada o no, arremetía inversiones y en diferentes magnitudes, para generar recursos económicos y disfrutar de pingues ganancias, no solo en beneficio de los pobladores quillacolleños, sino también de los vecinos de los municipios aledaños, a lo que se sumaban las ingentes presencias de los comerciantes del occidente del país, y en conjunto, convertían a este espacio “urbano”, en incontrolable e ingobernable.

A su turno, las autoridades administrativas locales y regionales, por su carácter político, seguramente, conciben a la “fiesta del 15” como un escenario inmejorable para derrochar protagonismos, principalmente, a través de los “diligentes” medios masivos, inclusive, y en algunos momentos estas autoridades, asumen el rol de portavoces, hasta “oficiales” de la misma Festividad.

PROTAGONISMO POLÍTICO

Mientras que la protagonista: la Iglesia, inerte y anquilosada por este osado “asedio”, al parecer no atina en asumir estrategias que resten el ímpetu pagano y de la pasión de los políticos, y menos aún, para devolver la esencia de otrora: eminentemente religiosa.

Curiosamente, la pandemia del Covid 19, entre las medidas apremiantes provocadas, sin pretenderlo abrió un espacio y un escenario para la procuración de reacciones resilientes de la celebración, condiciones que todavía aguardan para una urgente, real y apropiada reingeniería de la Festividad de Urkupiña, y obviamente, monitoreadas y con “jurisprudencia”, por la representación eclesial

Finalmente, si se iniciaría un proceso de reversión o inclinar la balanza de la Festividad, a lo religioso, las comisiones técnicas y especializadas de la Unesco, dentro sus criterios de calificación, facilitarían y con mayor solvencia, un aceleramiento a sus consideraciones para la pretendida declaratoria: “Festividad de Urkupiña, Patrimonio Intangible de Fe, Folklore, Cultura e Integración de la Humanidad”.

Johnny Fernández Rojas es periodista y gestor cultural

 

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